Pan de remolacha y nueces

La remolacha es un alimento del que no deberíamos prescindir: es muy energética muy aconsejada en casos de anemia, enfermedades de la sangre y convalecencia, debido a su alto contenido en hierro, también es rica en azúcares, vitaminas C y B, potasio y carotenos.
Se puede comer en ensaladas (tanto las hojas como la raíz) o cocida, pero mantiene mejor las propiedades cuando está cruda, si la cueces, hazlo con la piel y se la quitas después, se desaconseja comprarla envasada pues ha perdido gran parte de sus propiedades curativas y lleva muchos “ingredientes” adicionales que no se llevan bien con nuestra salud.
El pan que voy a proponer a parte ser muy sabroso tiene gran capacidad de sorprender: de color rosado, ligeramente dulzón, se acompaña muy bien con mermeladas o bien con receta salada para crear un pequeño contraste de sabor.
Ingredientes:
350 gramos de harina de fuerza
350 gramos de harina integral de trigo
200 gramos de remolacha cocida
50 gramos de levadura fresca
2 cucharadas de miel o de azúcar moreno
200 gramos de agua de cocción de remolacha
10 gramos de zumo de limón
100 gramos de nueces
2 cucharadas de aceite de oliva
Sal
Poner a cocer las remolachas hasta que estén tiernas, luego hacer un puré con estas y guardar el agua de cocción.

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Ponemos la levadura en un poco de agua de cocción de remolacha ligeramente tibia (la temperatura del agua es muy importante porque si es superior a 42º “mata” la levadura) y añadimos 1 cucharadas de miel o de azúcar (esto ayuda a activar la levadura), e intentamos dejar reposar por almeno 10 minutos.
Ponemos la harina en un bol, añadir sal y las nueces picadas y hacer un agujero en el centro. Ponemos en el centro el aceite de oliva, la levadura, el puré de remolacha y gradualmente el agua de cocción de la remolacha (poner poco a poco porque no todas las harinas absorben la misma cantidad de agua). Utilizamos el agua para darle color rojo y si se quiere obtener un resultado más intenso se puede añadir el zumo de medio limón pequeño, que al ser un ácido, contrasta con el cambio de PH que se suele producir en el pan durante el horneado.

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Ahora podemos empezar a amasar. Yo suelo empezar el amasado en el bol con una cuchara de madera y cuando los ingredientes están más o menos mezclados, vierto la masa en una superficie de madera y sigo amasando con las manos.
Amasar por 10 minutos hasta obtener una masa bien lisa y elástica, a este punto formar una bola con la masa y ponerla en un bol cubierto de un paño. Empieza el proceso de la primera fermentación: dejar que la masa doble su volumen, por esto se necesitará más o menos un par de horas.

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Cuando pase este tiempo, metemos un poco de harina en la mesa y volvemos a amasar por un par de minutos, a este punto podemos dar la forma deseada a nuestro pan, ponerlo en una bandeja de horno con papel horno y dejar que repose otra vez (segunda fermentación) por otra hora.
Precalentamos el horno a 210º, pintamos el pan con un poco del agua de cocción y una cucharada de miel o de azúcar (esto contribuye a que la parte externa del pan sea más crujiente y brillante) y horneamos por unos 35-40 minutos. Después unos 15 minutos bajar un poco la temperatura para que el pan se pueda cocer de forma homogénea.
(Ver artículo sobre consejos para la elaboración de panes y masas fermentadas).
He hecho varias versiones de este pan:
Con pasas o cebollas rojas en vez que nueces
Con solo harina blanca en vez que la mezcla de harina integral y harina blanca

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